Wednesday, May 14, 2008

El futuro de los Chakras

Un día más, tranquilo, en el “Centro de Salud y Equilibrio Energético” de Boston…

- ¡Ha sido fantástico! Me encuentro como nunca, totalmente renovado. Es una lástima que haya que desplazarse hasta este centro para poder tratarse con las “Terapias de la Energía”. Nunca entenderé por qué occidente ha sido tan reacio en importar de oriente las “Teorías Emanacionistas”. Materialismo ciego… Conocimiento milenario… Sólo tienes que entrar en la “Cámara Kundalini”, relajarte y dejarte inundar de energía. Durante la sesión, yo mismo he podido sentir cómo el “Kundalini”se expandía a través de mi cuerpo espiritual y físico. Va ascendiendo poco a poco, de abajo a arriba por tu columna vertebral, a través de los siete vórtices energéticos, hasta el Brahman.

En el interior de la Cámara hay una voz robótica que va anunciando el paso por cada una de las estaciones energéticas, cada 4 ó 5 minutos…

7- Muladhara (La tierra)
6- Svadhisthana (El agua)
5- Manipura (El fuego)
4- Anahata (El aire)
3- Vishuddha (El éter)
2- Ajna (El tiempo)
1- Sahasrara (El espacio)

- Y los cambios se van sucediendo en tu cuerpo espiritual, un revolcón de sensaciones… Seguridad e inseguridad en ti mismo, instinto de supervivencia (7); emoción y libido (6); control del entorno, sensación de libertad (5); amor y compasión (4); comunicación…, por un momento perdí la capacidad de expresarme y me asusté (3); intuición, es como si perdieses la noción del tiempo (2); y al final, lo mejor, la impresión de pertenecer al Universo, de entenderlo todo, de hablar con el gran Hacedor…, en ese momento, te encuentras fuera de tu cuerpo… (1)

En la sala de espera, un señor se percata de la salida de una enfermera y se levanta atento…

- Disculpe, señor, usted es el siguiente para la sesión de Equilibrio de Chakras, ¿verdad?
- Sí, me citaron a las 9:15.
- Lo siento, pero tendrá que venir mañana. Se han detectado fallos en el sistema de estimulación magnética cerebral de la Cámara Kundalini.

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Escepticismo en TV

Lupe nos informa de un programa de televisión sobre escepticismo (http://www.skeptologists.com/) y a mí me da por pensar…
¿Para cuándo un programa sobre “escepticismo” en alguna televisión española… en plan “Cuarto Milenio” pero justo a la inversa? Imaginemos: un programa semanal de media hora en el que se trata uno de tantos mitos populares en el que se aporten datos y explicaciones razonables, en lugar de sembrar “interrogantes misteriosos” dejándolos después sin contestar pero de forma suficientemente ambigüa como para que se quede la sensación de enigma…
¿No hay suficientes personas capaces entre los escépticos para hacer un programa así? Creo que entre los integrantes de ARP o de Círculo Escéptico hay un buen puñado de candidatos …

¿No hay “masa crítica” suficiente de escépticos? No sé, pero veo en Internet muchas bitácoras en español sobre escepticismo (de hecho, no me da tiempo a estar acutalizado…).
¿No es interesante desde el punto de vista televisivo un programa así? Creo que hacer entretenido un programa no es problema del contenido del programa sino de cómo se haga, pero yo no sé suficiente de televisión…
¿Algún productor de TV a la escucha?

Neurociencia y ética

Lo prometido es deuda. En el marco de la Semana Internacional del Cerebro 2008 (10-16 de marzo), hemos organizado un Seminario titulado “NEUROCIENCIA Y ÉTICA” en el que los profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, Dr. Francisco Mora y Dr. Diego Gracia, debatirán sobre las consecuencias que los nuevos conocimientos de la neurociencia pueden tener sobre las normas éticas que rigen nuestras sociedades. El Seminario tendrá lugar el miércoles 12 de marzo a las 18,00 horas en el Aula Profesor Botella de la Facultad de Medicina de la UCM (1ª planta, pabellón central).

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La Semana Internacional del Cerebro es un evento que desde 1996 promueve The DANA Foundation a través de la Dana Alliance for Brain Initiatives (en Europa la European Dana Alliance for the Brain) y que está apoyado por numerosas organizaciones neurocientíficas como la Society for Neuroscience estadounidense o la Sociedad Española de Neurociencias. El objetivo de la Semana del Cerebro es despertar la atención del público ante los progresos continuos en el conocimiento del cerebro así como la concienciación de la sociedad acerca de las consecuencias de dicho progreso (neuroconcienciación). Tras la Década del Cerebro (años 90 del siglo XX) podemos decir que el avance en la comprensión de los mecanismos moleculares y celulares básicos del funcionamiento del cerebro y de sus alteraciones en diversas patologías ha sido enorme. Un efecto secundario de estos avances científicos ha sido el incremento dramático de la presencia de la neurociencia en los medios de comunicación y en la sociedad en general. Pero aún es mucho lo que queda por saber y, por tanto, las consecuencias de estos nuevos descubrimientos están por explorar. Ya existe una iniciativa para declarar una Década de la Mente en la que se promueva el estudio interdisciplinar de los mecanismos cerebrales de los procesos mentales (incluyendo la conciencia), así como las posibles aplicaciones de este conocimiento en el tratamiento del los trastornos psiquiátricos o en la potenciación de las capacidades cognitivas, todo ello de la mano de la información y discusión pública de los aspectos legales y éticos implicados en el estudio del cerebro y la mente. Citando al neurocientífico español Alberto Ferrús en un reciente artículo en Revista de Libros (“Mi cerebro soy yo”, número 135, marzo 2008): “…puede afirmarse que el siglo XXI será el tiempo de ver cómo la vida diaria empieza a reflejar las aplicaciones de ese conocimiento (sobre cómo es y funciona el cerebro) [...] Mientras ese momento llega, la sociedad tiene el derecho y el deber de informarse sobre lo que los científicos descubren y lo que esos hallazgos implican a medio y largo plazo.” La Semana del Cerebro pretende precisamente cumplir con la obligación de los científicos de mostrar y debatir con la sociedad acerca de los resultados de sus investigaciones sobre el cerebro.

Neurociencia y realidad virtual

¿Es posible modificar la percepción del propio cuerpo a través de la realidad virtual? La doctora María Victoria Sánchez-Vives, investigadora del Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (IDIBAPS) y anteriormente del Instituto de Neurociencias de Alicante, así lo cree. Cuando “accedemos” a un entorno de realidad vitual (a través de unas gafas especiales) nuestro cerebro puede llegar a interpretar que dicho entorno es real, y que nosotros estamos realmente dentro de él (el fenomeno conocido como “presencia”). Un grupo internacional de científicos dirigidos por el doctor Mel Slater, y en el que se incluye Sánchez-Vives, trabaja por descifrar los mecanismos neurobiológicos implicados en este fenómeno y sus posibles aplicaciones terapéuticas.

El próximo jueves 6 de marzo a las 11:30 de la mañana, la doctora Sánchez-Vives impartirá un seminario titulado “La realidad virtual en el estudio de la representación corporal” en el que hablará de este interesante tema. El seminario se realizará en el Departamento de Fisiología (Aula Gallego) de la Facultad de Medicina (Universidad Complutense de Madrid). Esperamos que os interese y que os podais pasar por allí.

Pincha en la imagen para ampliarla.

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Una breve historia acerca de la “Esencia Específica de Cada Humano”

Fue hace ya mucho tiempo cuando ocurrió lo impensable. Todo quedó destruido, desolado, no permaneció piedra sobre piedra. De esa hecatombe sólo quedaron unos pocos, que tuvieron que empezar de cero. Crearon el fuego, el agua, la luz… (otra vez) y también las nuevas sociedades humanas. Y lo que hicieron parecía bueno. Así comenzó un nuevo ciclo de la humanidad.

Y surgieron las mismas preguntas. ¿Quiénes somos? ¿Por qué somos como somos? ¿Qué hay más allá? La búsqueda de la esencia de la Naturaleza Humana. Aquello que no tiene explicación pero que está en cada uno. La herencia de los Dioses.

Y encontraron restos, pocos, del pasado. Algunos en forma de libros y documentos. Entre ellos unas cuantos textos incompletos que por primera vez hablaban de aquello, de lo misterioso, de lo que nadie sabía y todos querían saber. Estaban escritos en un lenguaje diferente y sintético, no fácil de comprender. Un lenguaje sagrado, quizá. Hablaban de la “EECH” y por su descripción parecía la intersección entre lo humano y lo divino. Aquellas siglas escondían respuestas, sólo había que interpretar con la “inspiración” adecuada. Los hermeneutas se pusieron manos a la obra, noche y día, sin descanso. Entonces, les fue revelado el sentido de lo que llamaron la “Esencia Específica de Cada Humano”. Y un sabio acuñó la frase: “Dadme la EECH y moveré el mundo”.

Aquellos textos hablaban de la conciencia humana, de cómo se crea el mundo a nuestro alrededor. Hablaban del poder de nuestros sentidos, la visión, el oído, el tacto, el gusto y el olfato, y también de un sentido de identidad. También describían el movimiento y junto a él la motivación, y cómo llega la recompensa cuando somos felices. Aquellos textos explicaban cómo se crean nuestras emociones y nuestros sentimientos. El miedo, el dolor, el amor y la belleza. También hablaban de la moral, del Bien y del Mal. De cómo las buenas y las malas acciones surgen de nuestro interior. Del altruismo, el egoísmo y la justicia. Alertaban acerca de las enfermedades del espíritu y cómo podían paliarse. Y también describían caminos para entrar en contacto con el más allá, con los dioses y los espíritus del otro lado. Hablaban, en definitiva, de lo que somos los humanos.

Algunos creyeron ver en estos textos la mano de sus fantasmas o el poder de los espíritus de otros mundos. Otros, sus dioses con claridad revelada. “La Esencia Específica de Cada Humano” generó muchas discusiones. Se llevaron a cabo complejos concilios con el único fin de reconstruir y completar los textos de acuerdo a estas o aquellas interpretaciones. Se crearon instituciones y escuelas que los pusieron a buen recaudo y aconsejaron su lectura.

Hace poco tiempo se encontraron nuevos restos del pasado. Entre ellos, lo que parecían ser nuevas partes del llamado Libro de la “Esencia Específica de Cada Humano”. Sin embargo, y aunque generó mucha expectación, este descubrimiento no fue tan celebrado como el anterior. Estos nuevos hallazgos fueron desconcertantes, no se entendieron o no se quisieron entender. Se identificaron con certeza las primeras páginas del misterioso Libro. Y en ellas, en letras grandes, un título: “Electrodos de Estimulación Cerebral para Humanos”. Los hermeneutas no dieron el visto bueno a estos nuevos hallazgos y su contenido se ocultó y se ignoró. Algunos aplaudieron esta decisión, otros hablaron de conspiración y los más críticos pensaron que estamos diseñados para ser estúpidos. Simplemente, un nuevo ciclo de la humanidad tocaba a su fin.

¿Qué entendemos por (neuro)-pseudociencias?

Quizá todos sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de pseudociencias o de pseudocientíficos. Según el Diccionario Escéptico “Una pseudociencia es un grupo de ideas basadas en teorías presentadas como científicas cuando en realidad no lo son”. Parece obvio. Sin embargo, a juzgar por lo que podemos escuchar o leer en determinados medios de comunicación (algunos de gran audiencia) la diferencia entre ciencia y pseudociencia se presenta mucho más confusa. Las pseudociencias aparecen juntas y revueltas con las ciencias (probablemente de manera intencionada), o en su caso disfrazadas, tanto en el discurso como en el contenido, de teorías científicas. Y como consecuencia, “en la calle”, ciencia y pseudociencia se perciben como similares. O incluso peor. La pseudociencia se ve como más atractiva ya que parece poseer las cualidades de la ciencia (rigor, conocimiento objetivo) pero con ventajas sobre ella (más desafiante, menos sectaria). Y el problema es que cara a la opinión pública no parece fácil desacreditar a las pseudociencias, por muchos y buenos argumentos que se presenten. Por un lado, ningún medio de masas se hace eco de los argumentos esgrimidos en contra de las pseudociencias (¿audiencias?); y por otro, los intentos de desacreditación de estas falsas ciencias se interpretan, de manera interesada, como un ataque en contra de aquellos que quieren saber la verdad y no se “limitan” a la ciencia convencional.

Hay sobre todo dos ideas infundadas, de las muchas que a buen seguro se podrían mencionar, que según mi opinión tienen mucho que ver con la buena prensa de la que goza la pseudociencia.

La pseudociencia es sinónimo de “mente abierta” Estoy cansado de escuchar esto. La pseudociencia implica a investigadores/científicos de mente abierta y capaces de mirar más allá de lo establecido, que presentan hipótesis y datos alternativos para explicar fenómenos “reales” que la ciencia no puede/quiere explicar por ser dogmática y limitada. NADA MÁS LEJOS DE LA REALIDAD. La ciencia, por definición, implica “mente abierta”, en el contexto de inquietud por responder nuevas preguntas que surgen constantemente al tratar de conocer el mundo que nos rodea. Pero no vale cualquier respuesta. La ciencia busca respuestas que se aproximen a la realidad. ¡Y aquí está la verdadera y fundamental diferencia entre ciencia y pseudociencia! ¿Cómo obtenemos respuestas útiles? Con pensamiento crítico (y no sólo con mente abierta). El pensamiento crítico implica una serie de reglas (o método) con la pretensión de que aquello que nos preguntamos fructifique en conocimiento real y objetivo. Y esto a su vez implica contrastar información y buscar elementos de juicio, pruebas que apoyen las hipótesis planteadas.

Un ejemplo, “El caso Andresito” (testimonios del supuesto fantasma de un niño en un edificio antiguo; recientemente publicado por Íker Jiménez en El País). Con este caso (y otros similares) se propone la posibilidad de que los fantasmas son entidades reales (sin presentar pruebas, sólo testimonios) aun cuando su existencia va en contra de todo lo que se conoce en Física y Biología. ¿Es esto tener mente abierta? ¿Qué aporta esto al conocimiento de la realidad? Otro ejemplo (de mi cosecha). “El caso de las llaves”. Yo estoy convencido de haber dejado mis llaves encima de una estantería pero más tarde aparecen encima de una mesa. Con este caso (y otros similares) se puede proponer la existencia de duendes misteriosos que cambian los objetos de lugar. ¿Es esto tener mente abierta? Y si, por el contrario, se sugiere, teniendo en cuenta todo lo que se conoce con certeza acerca de fantasmas, duendes y el cerebro humano, que estos casos no tienen causa real (sobrenatural) externa. Que, más bien, tienen que ver con el funcionamiento normal de nuestro cerebro (memoria, percepción…). ¿Es esto tener mente cerrada? ¿Poco desafiante? ¿Aburrido, tal vez? Pero…, de qué se trata, ¿de saber la verdad o de que la explicación nos parezca interesante y atractiva?

La pseudociencia investiga “hechos” que la ciencia no puede explicar. Negar que el conocimiento científico pueda explicar los supuestos fenómenos paranormales implica que los investigadores de dichos fenómenos conocen y están al día de los avances científicos en el campo correspondiente. Tomemos el caso de los poderes de la mente. Es opinión generalizada que fenómenos como la telepatía, la precognición o la percepción extrasensorial existen realmente o al menos se duda de su existencia. Estoy seguro de que muchos podrían certificar experiencias de este tipo, avaladas por los parapsicólogos de turno. ¿Están estos parapsicólogos al día en el conocimiento acerca de la fisiología del cerebro para afirmar con seguridad que la ciencia es incapaz de dar una explicación alternativa a estos fenómenos? Creo sinceramente que no. Jamás he oído a ningún parapsicólogo hablar de la telequinesia en el contexto de la actividad neuronal, con argumentos a favor o en contra de lo que se conoce en neurofisiología, a pesar de los espectaculares avances que se están obteniendo en los llamados interfaces cerebro-máquina. Nunca he escuchado a ningún investigador paranormal mencionar la fragilidad “fisiológica” de la memoria cuando trae a colación testimonios como elementos claves en una investigación. Ningún parapsicólogo habla de los mecanismos cerebrales de la percepción de la realidad y sus alteraciones en condiciones fisiológicas o patológicas cuando propone la existencia de un “más allá de la muerte” o las experiencias fuera del cuerpo. Podríamos poner más ejemplos… ¿Cómo se puede proponer que usamos el 10% de nuestro cerebro o que poseemos percepción extrasensorial si se ignora (o no se tiene en cuenta) lo que se sabe del cerebro?

Nosotros pensamos en esta bitácora que un mayor conocimiento del cerebro puede incentivar el pensamiento crítico, de manera que resulte obvio que estos fenómenos no existen. Para lo cual es necesario divulgar el hecho de que fenómenos aparentemente sobrenaturales pueden ser naturales y fisiológicos.

Pero, en último término, lo importante es si somos capaces de transmitir con claridad meridiana la diferencia entre ciencia y pseudociencia. Y por eso pongo encima de la mesa las siguientes preguntas:

1.- ¿Qué entendemos por pseudociencia? (¿Cuál es la principal diferencia entre ciencia y pseudociencia que querríamos transmitir si tuviésemos la oportunidad de participar en un programa de difusión nacional?)

2.- ¿Puede la ciencia dar alternativas comprensibles a los fenómenos que contempla la pseudociencia?

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Society for Psychical Research III: Testimonios versus realidad

The most important aspect of any investigation is to obtain, as far as possible, a detailed and accurate picture of the events. This usually means conducting in-depth interviews with the people directly involved and possibly with other relevant witnesses. (Conducting Investigations, SPR)

La Society for Psychical Research (SPR) es una institución que investiga la existencia de fenómenos paranormales, “fenómenos naturales de la vida real que las teorías científicas necesitan explicar” (ver en esta bitácora partes I y II). Según la SPR los fenómenos paranormales son hechos reales, ocurren, aunque son inexplicables. Son inexplicables porque en general estos fenómenos son difícilmente reproducibles y por tanto no es fácil estudiar y entender por qué ocurren y cuáles son los mecanismos físicos o neurobiológicos implicados. ¡Pero ocurren! Y de ahí la existencia de una organización como la SPR. Pero, ¿cómo saben que las apariciones, los poltergeist o la percepción extrasensorial son hechos reales si hasta ahora no han podido ser probados (reproducidos con suficientes garantías y controles)? ¡Hay testigos! Muchos testigos pueden certificar la ocurrencia de estos fenómenos. Testigos presenciales y fiables, que dicen la verdad. Cuentan lo sucedido con precisión. Y se emocionan. Y juran que fue real. Ellos saben que ocurrió, todo está registrado en sus memorias. ¿Hasta qué punto un testimonio es prueba del hecho en sí?

Conducting investigations (SPR). Testigo con nombre R. G. Todo ocurrió hace seis años, a las 11:53 de la noche del día 10 de Diciembre de 2000. “Estaba viendo la televisión en el salón de mi casa, como siempre antes de irme a la cama. Escuché unos ruidos extraños en la pared y entonces vi a mi abuela materna, fallecida dos años antes, durante unos segundos. Estaba de pie delante de mí. Posteriormente los objetos que había encima de la mesa empezaron a moverse. Oí golpes en la pared y voces que susurraban mi nombre. Todo duró aproximadamente 10 minutos”. El testigo asegura que no tomó drogas o alcohol y que se encontraba en perfecto estado físico y mental. R. G. había tenido una experiencia similar seis meses antes. En el momento de los hechos había una lámpara encendida y la habitación estaba bien iluminada. Los ruidos fueron claros, con mínima contaminación acústica. La mujer del testigo acudió al lugar de los hechos al oír ruidos extraños que la despertaron. Pero cuando ella llegó todo había terminado. R. G. es una persona normal, trabaja como profesor de instituto y no tiene ningún interés especial en divulgar estos sucesos, de hecho se siente avergonzado y quiere mantener su anonimato.
El testigo certifica que son ciertos los datos que aparecen en este cuestionario

Fdo. R.G.

Memoria vs realidad. Todos intuimos que la memoria no es precisa y falla. De hecho, a menudo no estamos seguros de que algo ocurrió y expresamos nuestras dudas. Pero, ¿y cuándo estamos 100% seguros de haber presenciado o vivido algún suceso? ¿Significa entonces que ocurrió realmente? La memoria no es un almacén donde los recuerdos están marcados y etiquetados para ser recordados con fidelidad (1). Aunque parezca extraño decirlo, la memoria “evoluciona”, se contagia del presente, de nuestro presente. La memoria se corresponde, más bien, con inferencias, reconstrucciones de lo que pasó en realidad. Nuestras expectativas, nuestra imaginación, nuestros pensamientos acerca de los hechos. Ver fotos y escuchar testimonios de otros sobre los mismo hechos, nuestras motivaciones, nuestros intereses. Según multitud de estudios científicos, todos estos factores pueden alterar nuestros recuerdos..

Falsas memorias. Podemos recordar hechos que nunca ocurrieron, que no son reales. Las falsas memorias pueden ocurrir porque a veces confundimos hechos imaginados con hechos realmente percibidos. Y esto ocurre, está demostrado (1, 2). Así por ejemplo, después de oír e imaginar palabras, podemos recordar palabras imaginadas como realmente escuchadas. Cuantas más veces imaginemos una foto, mayor es la probabilidad de que pensemos que la vimos realmente. Se puede inducir el recuerdo “falso” de un objeto (que nunca estuvo implicado en los hechos) a través de narraciones o preguntas sobre lo ocurrido (“eyewitness suggestibility”). Además, los testigos pueden imaginar detalles falsos sobre los hechos a medida que leen o responden cuestiones acerca de los mismos. Un testimonio de los hechos, obtenido en las mejores condiciones posibles, puede no corresponderse con la realidad. (La investigadora E. Loftus ha investigado en profundidad las falsas memorias)

La memoria y el cerebro: Algunos datos. Cuanto mayor es el número de detalles recordados relativos a la información temporal y espacial de un evento, mayor es la probabilidad de que se trate de hechos verídicos. De hecho, la cantidad de detalles contextuales y visuales es mayor en memorias de hechos percibidos en realidad que de hechos imaginados (las memorias de hechos imaginados suelen ser menos ricas en detalles). Por el contrario, prestar más atención a los aspectos emocionales de un evento aumenta la probabilidad de mezclar hechos imaginados y reales (1, 2).

Estas características tienen un correlato neurobiológico. Recordar un gran número de detalles está asociado a una mayor actividad del lóbulo temporal del cerebro, donde se encuentra el hipocampo. El hipocampo juega un papel fundamental en la memoria episódica. En un estudio reciente (3), una alta actividad en esta estructura del cerebro se correlaciona con una mayor probabilidad de que la memoria sea verídica. Sin embargo, una alta actividad en otras áreas del cerebro como las cortezas prefrontal y parietal está asociado con memorias que tienen menor probabilidad de corresponder con hechos reales.

Recordar el futuro. ¿Por qué no es fiel la memoria? Quizá la función principal de la memoria no es recordar con fidelidad hechos pasados, sino imaginar el futuro (4). Y así construir buenas predicciones de lo que puede suceder. Creo que esta es una idea maravillosa que dará mucho que hablar en neurociencias.

Testimonios vs realidad. ¿Se apareció como ente real la abuela materna de R.G.? ¿Y el movimiento de objetos? ¿Es R.G. capaz de desplazar objetos con su mente? Difícilmente los testimonios pueden ser una prueba o aportar datos relevantes (y sólo meramente anecdóticos) en la investigación de supuestos hechos físicos y neurobiológicos que de demostrarse ciertos podrían significar una revolución en nuestra concepción de la realidad. Hace falta algo más. Datos tangibles que puedan ser puestos a prueba bajo estrictos controles para descartar artefactos. Hasta ahora, ni la SPR ni ninguna otra organización de investigación parapsicológica ha aportado este tipo de datos. Al menos no como para hacer avanzar nuestro conocimiento.

1. “Memory and reality” American Psychologist, 760-771 (2006)
2. “Importing perceived features into false memories” Memory, 14: 197-213 (2006)
3. “Trusting our memories: dissociating the neural correlates of confidence in veridical versus illusory memories” The Journal of Neuroscience, 27: 12190-12197 (2007)
4. “A surprising connection between memory and imagination” Science, 315: 312 (2007)

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La mecánica de Dios: A vueltas con la creencia

“If you limit yourself to science, you always have to accept the possibility of God –and the possibility of no God” (God´s mechanics: How scientist and engineers make sense of religion)

¿Puede un científico creer en Dios? Ya sabemos que sí. Y de hecho no son pocos los científicos que creen en algún tipo de Dios. Pero pongamos la pregunta de otra manera. ¿Cómo puede un científico conciliar ciencia y fe (creencia en Dios) a la hora de entender la “realidad” en la que vive? Esto resulta cuanto menos paradójico ya que, en teoría, un científico utiliza el razonamiento empírico y su extraordinario poder predictivo, a la hora de explicar la Naturaleza. Entonces, ¿por qué cree un científico? En torno a esta cuestión gira el libro titulado “La mecánica de Dios: el sentido de la religión para científicos e ingenieros”, escrito por Guy Consolmagno, un astrónomo jesuita del observatorio Vaticano. Consolmagno, que se considera científico además de creyente, “quita hierro” a esta aparente paradoja ya que, en último término, ciencia y creencia son prácticamente la misma cosa. ¿En qué se basa? Después de leer el primer capítulo de su libro (“How Techies believe”), parece claro que su principal argumento consiste en las múltiples limitaciones del método científico. Tomando como excusa algunos de los argumentos que el autor esgrime en su capítulo inicial, me gustaría comentar algunos aspectos relacionados con el debate ciencia-creencia que, o bien no entiendo correctamente o bien me parecen sesgados de manera interesada.

Dios Y ciencia versus Dios O ciencia
¿Qué entendemos por Dios? El concepto “Dios” es como un comodín en el juego de naipes, se adapta a cualquier “jugada”. Y esta versatilidad de Dios hace que el debate ciencia-creencia parezca a menudo un diálogo de besugos. Porque no es lo mismo el Dios-Padre antropomorfo todopoderoso con barba blanca y camisón (religiones monoteístas); que una especie de “energía divina” distante y diseñada a la carta. Pero ahí no queda la cosa. ¿Qué entendemos por creencia? ¿Es el mismo “tipo de creencia” creer en un ser sobrenatural que creer que mi coche sigue donde lo he aparcado pocas horas antes? ¿Y, en definitiva, por qué hay tanta ambigüedad en estos conceptos? En mi opinión es una ambigüedad interesada en aras a facilitar la conciliación de lo irreconciliable. Pero eso es engañarnos a nosotros mismos. El problema es que, a pesar de la dualidad de magisterios profesada por algunos prestigiosos científicos (como S J Gould), Dios y la ciencia compiten por explicar lo que entendemos por “realidad objetiva”. Son dos visiones diferentes, aunque en ningún caso equivalentes, de aproximarse al cómo y al porqué de las cosas. Claro que esta competencia resulta muy incómoda y los intentos de suavizarla son muchos y a veces curiosos. El propio Consolmagno critica dos tipos de explicaciones acerca de Dios:

- Dios está allá donde no llega, o aún no ha llegado, el conocimiento científico. Es el llamado “Dios de los huecos”. Pero este tipo de Dios no parece convencer a nadie, ni siquiera a los creyentes. Es demasiado voluble. Teóricamente, las competencias de Dios no pueden depender del avance del conocimiento a lo largo de la historia.

- El conocimiento científico y objetivo puede explicar la existencia de Dios. Este es un concepto de Dios basado en la ciencia. O dicho de otro modo, la ciencia más puntera podrá pronto explicar aquello que entendemos por Dios como realidad externa, llámese esto conciencia global, realidades paralelas o alma, como código de información individual que puede trascender. La solución estará en entender bien la mecánica cuántica (por ejemplo, la película “¿Y tú qué sabes?”).

Según Consolmagno, la “hipótesis de Dios” no puede ser sometida a la prueba científica o racional. En parte, porque Dios significa sobrenatural y por tanto, por definición, está fuera de lo natural. Y tratar de probar científicamente su existencia o no existencia carece de sentido. En otras palabras, no tiene sentido “vestir” con lenguaje científico la teología. Pero entonces, ¿dónde queda el Dios conciliable con la ciencia? Para este astrónomo, Dios y ciencia están codo con codo. Dios es una hipótesis razonable ya que la ciencia es muy limitada. ¿No es esto una falacia?

¿Qué significa que la ciencia es muy limitada? Según él, cualquier cadena de razonamiento lógico debe comenzar con la asunción de una verdad “auto-evidente”. Es decir, la creencia vendría antes que las explicaciones. Si asumimos, por ejemplo, la física de Newton terminaremos aceptando una visión determinista del universo; pero si asumimos la teoría cuántica, “probaremos” que la vida es azarosa y sinsentido. Añade que la ciencia nunca trata con certezas. Todo en ciencia está siempre sujeto a revisión. La ciencia sólo se aproxima a una verdad de la que nunca podrá tener certeza. Por tanto, “si te limitas a la ciencia, tú siempre tienes que aceptar la posibilidad de un Dios –y de un no Dios”. La ciencia está llena de creencias, por ejemplo “creemos que las leyes de la física que funcionaron ayer funcionarán todavía mañana” o “creemos que hay una realidad objetiva”. La razón está basada en la intuición. Y propone un silogismo como ejemplo: “Todos los hombres son mortales; Sócrates es un hombre; por tanto, Sócrates es mortal. Pero, ¿cómo sabemos que todos los hombres son mortales? ¿O que Sócrates es un hombre?”.

¿Son todas las creencias iguales?
En primer lugar, es cierto que la ciencia tiene límites pero, ¿significa esto que Dios puede existir? Yo creo que no. O, en todo caso, podría admitir que más allá de los límites de la ciencia exista Dios, pero también cualquier otra cosa, animal o lugar que nos venga en gana. Más allá del conocimiento objetivo…, todo depende de nuestra imaginación. ¿O acaso pensamos que hay “razones” por las que la “hipótesis Dios” tiene más sentido que la hipótesis “cualquier otra cosa”?
En segundo lugar, ¿podemos diferenciar distintos tipos de creencias? Es decir, ¿es comparable la creencia en Dios, ser sobrenatural, a la creencia de que el sol saldrá mañana o que si tiramos una manzana por la ventana caerá hacia la calle? En mi opinión no tienen nada que ver. Si el sol ha salido cada día desde que la humanidad tiene uso de razón, lo más probable es que también salga mañana. Pero lo más importante es que , el hecho de que el sol salga cada mañana, no es realmente una creencia. O al menos sería una creencia condicionada. Es decir, si mañana nos levantamos y el sol no ha salido o la manzana cae hacia el cielo, se acabó la creencia. Es así como funciona el método científico, ¿no? Tanto es así que ese mismo método nos ha permitido predecir el número de veces que saldrá el sol, la hora a la que va a salir, la energía que irradia cada vez que sale y también construir paneles solares. E incluso prever cuándo se apagará. ¿Es igual la creencia en Dios? ¿Cómo nos ayuda Dios a predecir la realidad (y digo Dios como si fuese el sol o la manzana, no la creencia en sí, lo cual es otra cosa muy distinta)? ¿No es creer en Dios más equivalente a creer que en lugar de un sol saldrán dos? (ver el artículo de Paul Davies “Taking science on faith” y una extraordinaria crítica en NeuroLogica).

Por tanto, ¿el hecho de que la ciencia sea limitada para comprender con total certeza el origen del universo implica que no podemos estar seguros de nada de lo que conocemos a nuestro alrededor? En mi opinión, Consolmagno está utilizando argumentos sesgados con una intención clara. Poner al mismo nivel de “verdad objetiva” la existencia del ordenador en el que estoy escribiendo estas palabras y la existencia de Dios. Y esta jugada tiene truco. Porque, puestos a admitir hipótesis, que importancia puede tener que más allá de lo que puedo conocer objetivamente exista Dios. Pues sí que la tiene, y aquí está el truco. Porque una vez justificada la existencia de Dios…, ¿quién nos dice que no interacciona con el devenir humano y el del Universo? ¿Si no podemos estar seguros de nada? Y al final terminamos creyendo, sin contradicciones, en el Dios de las religiones más tradicionales. Y esa es la jugada. Y yo creo que el método científico, a pesar de sus limitaciones, sí puede descartar la existencia de un Dios que intervenga en la Naturaleza a su antojo. Que en definitiva es el tipo de Dios en el que la mayoría de la gente cree, ¿o no?

El estudio científico de Dios
Pero hay algo más. Y es la sensación o intuición de que la existencia de Dios tiene un fundamento, encaja, tiene sentido. Esta es una baza muy importante de la “hipótesis de Dios”. Me refiero a las experiencias religiosas inefables que, según Consolmagno, tienen, y tratan de ocultar, muchos científicos creyentes. Me refiero a la moral, el Bien y el Mal. La libertad. El altruismo. Nuestra existencia parece cobrar un sentido trascendente tras esas palabras. Según otro científico, el genetista Francis Collins, la ley moral es universal y no puede ser producida por evolución ni por presiones sociales, sino por un ser infinitamente justo y bueno que llamamos Dios. Y es exactamente aquí donde entra en juego el cerebro. ¿Qué tiene que ver el cerebro con la existencia de Dios? (tema que hemos comentado anteriormente en esta bitácora)

El cerebro, y por tanto el comportamiento, puede ser estudiado mediante el método científico. Fruto de este estudio hoy sabemos que muchas de las llamadas experiencias religiosas (por ejemplo, alteraciones en la percepción de la realidad) o la conducta moral son naturales y dependen de la actividad de nuestro cerebro. Esto significa que son fenómenos intrínsecos al funcionamiento de nuestro cerebro y no refieren en ningún caso a realidades objetivas externas. De la misma manera, la propia creencia también requiere necesariamente la actividad de nuestro cerebro. Igual que las ensoñaciones, el lenguaje o el deleite estético cuando vemos una obra pictórica. Y, por supuesto, también el pensamiento lógico o racional que utilizamos cuando ponemos en práctica el método científico. La capacidad de abstracción. La capacidad de cálculo. El hecho de pensar que todo efecto tiene una causa. Son capacidades o estrategias naturales de nuestro cerebro que tienen que ver con los cambios y adaptaciones que este órgano biológico ha sufrido a lo largo del proceso evolutivo.

Quizá todo esto parezca una obviedad, pero si enmarcamos la creencia en Dios en el contexto de la función cerebral podemos estudiar a “Dios” científicamente. De hecho, lo único tangible que tenemos de Dios es la creencia en él. Dios está en el cerebro. Y sólo ahí. Y por eso hay tantos tipos diferentes de Dios y con características tan particulares, a veces semejantes a las nuestras (por ejemplo, Why is religion Natural). Y también es interesante preguntarse por qué está ahí (¿Es Dios un accidente?). Pero en cualquier caso, la realidad externa “Dios” que sugiere la creencia o la fe es pura fantasía. Otra cosa muy distinta, por mucho que le pese a Consolmagno, son el sol y la manzana. Porque además de formar parte de nuestros procesos mentales, están ahí fuera para nosotros y para el resto de los seres vivos. Y si no lo estuvieran, quizá tampoco estaríamos aquí para contarlo.

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Sibelius, el cristiano darwinista

“El Dios cristiano es un Dios que, desde la cultura moderna, se entiende como el Dios que crea y hace posible la libertad humana” Dios, ¿hipótesis insostenible ante el darwinismo?

- Bien, que pase el siguiente. ¿A quién tenemos?
- Su nombre es Sibelius. Acepta como un hecho, y no se arrepiente de ello, la evolución biológica con todas sus consecuencias. Se considera darwinista.
- De acuerdo, no se hable más, ¡al Infierno con él!
- Pero, hay un pequeño problema, Señor. Sibelius también se considera cristiano.
- ¿Cristiano? Sibelius, ¿es usted cristiano?
- Sí, Señor. Un cristiano que no es ajeno al conocimiento científico de nuestra cultura moderna.
- Un cristiano moderno, ya veo… Teniendo en cuenta las discrepancias en el registro fósil y la complejidad irreducible… Usted cree que Dios ha intervenido en el diseño del hombre tal y como es ahora, ¿verdad? ¡Con toda su gloria y perfección! ¡A su imagen y semejanza!
- Nada más lejos, Señor. Cualquier cristiano moderno e informado sabe que teorías como el diseño inteligente no son ni más ni menos que una versión moderna de la metáfora de la Creación. La ciencia biológica aporta multitud de datos, tanto del estudio del registro fósil como de la biología molecular, que indican que el hombre tiene antepasados comunes con otros seres vivos. El hombre tal y como lo conocemos hoy en día es fruto de un proceso evolutivo que implica mutaciones y selección natural.
- De acuerdo, Sibelius. Pero en ese proceso evolutivo, como cristiano, no me negará usted algún tipo de intervención divina para dotar al hombre de una finalidad en la Naturaleza, un privilegio del que no gozan el resto de los animales que pueblan la Tierra.
- Eso es poco probable, Señor. El hombre, con sus cualidades, se ha desarrollado en el mismo contexto histórico/biológico que el resto de los animales que pueblan la Tierra. La naturaleza humana no precisa de privilegios ni dones para ser tal y como la entendemos.
Sí, pero usted es cristiano, muy moderno e informado, pero cristiano. ¿Y el Libre albedrío? ¿Y la Moral cristiana? Reconocerá ahí la mano de Dios, ¿no? Algo divino que escapa a la estricta Ley Natural. La capacidad de elegir lo Bueno sobre lo Malo. La capacidad de arrepentirse de los pecados…
- Me encantaría que eso fuese así, Señor. Pero si somos consecuentes con la biología evolutiva, eso no tiene sentido. Lo que quiero decir es que ambas cualidades, libertad de elegir y actitud moral, tienen que ver con la conducta humana, que a su vez depende de la función del cerebro humano (ver también “Neuroscientific challenges to free will and responsability“). El cerebro humano es un órgano biológico y por tanto sometido a las mismas leyes biológicas implicadas en el proceso evolutivo. No hay nada de divino en estas cualidades, Señor.
- Muy bien, Sibelius. Es posible que todo eso sea biológico y efímero. Pero, ¿qué me dice de la trascendencia? Supongo que como cristiano seguirás el ejemplo de aquél que resucitó al tercer día según los Evangelios, y…
- Tenga en cuenta que el estudio histórico/crítico de Los Evangelios ha mostrado que están lejos de ser un texto histórico…
- … pero lo que quiero decir, si me deja terminar, es que un cristiano trata de seguir el camino de la Verdad Cristiana con el fin de alcanzar la Gloria de Dios. ¿Qué me dice del alma? Un alma que porte la individualidad de cada hombre con su historia y que finalmente le permita, si así lo mereciese, estar sentado a la diestra del Padre.
- Es una idea tan bella… Pero quiero ser coherente con la ciencia biológica. Con la muerte todo se acaba. Muerto el cerebro, muerta la individualidad humana. La trascendencia no tiene hueco en biología.

- Pero entonces…, usted niega cualquier tipo de intervención divina en el diseño del hombre, asume que el hombre, como el resto de los seres vivos, está sometido a las mismas leyes biológicas, acepta una moral basada en la función del cerebro como órgano biológico y duda de un alma que pueda trascender…, y para colmo, ¡duda de la verdad histórica de los Evangelios!…. Ahora dígame, Sibelius, ¿qué le queda de cristiano a un cristiano moderno y darwinista?

- Quizá Dios es el origen del principio de todo…
- Para lo que hemos quedado… ¡Al infierno con él!

Society for Psychical Research II: Fenómenos espontáneos

(…) the principles of investigation are those which apply in any scientific enquiry: gathering and testing the evidence, evaluating it, and looking for ways of interpreting and explaining it either within the existing models of reality or by postulating new models. The only belief implied by this pursuit is in the intrinsic value of rational enquiry. (Society for Psychical Research: Overview)

Este párrafo, que leemos en la web de la Society for Psychical Research (SPR), podría formar parte de los principios generales de cualquier otra sociedad de investigación científica. Como en el apunte anterior (Society for Psychical Research I: Declaración de intenciones), y siguiendo con un planteamiento escéptico de mínimos, voy a seguir haciendo énfasis en mi sana y naive perplejidad. Porque la misma sociedad de investigación que asume el párrafo inicial afirma la existencia de fenómenos como la percepción extrasensorial y la telequinesis, entre otros. Y a pesar de eso, no se ha producido una revolución copernicana en el campo de las Neurociencias. Algo falla. Y algo falla, porque en lugar de dicho párrafo en la web de la SPR no leo uno como el siguiente:

(…) los principios de investigación se desmarcan de los métodos científicos tradicionales: se obtienen datos, se evalúan, y se busca la manera de interpretarlos y explicarlos creando nuevos modelos de la realidad en función de la intuición y el estado de conciencia del investigador. El éxito de la investigación está en no dejarse llevar por la fría razón crítica.

Además, si seguimos leyendo la misma página, la SPR insiste en que aunque los fenómenos que investiga “parecen inexplicables asumiendo los modelos científicos actuales” su intención es demostrar su existencia estudiándolos de manera “sistemática y científica”.

¿Cuáles son los hechos que investiga la SPR? Fenómenos espontáneos. “Casos espontáneos son fenómenos naturales de la vida real que las teorías científicas necesitan explicar”. Además reconocen que, “son no repetibles y son susceptibles de todo tipo de errores de observación y análisis”. Para empezar, esto ya dificulta su estudio sistemático ya que la reproducibilidad es un elemento fundamental a la hora de explicar un suceso. Pero conscientes de esa dificultad, y a lo largo de los años, los investigadores de la SPR han sido capaces de poner a punto protocolos para realizar experimentos controlados. Tanto fue así que la metodología y los análisis empleados por los parapsicólogos fueron suficientes como para que la Asociación Parapsicológica formada en 1957 fuera aceptada en la American Association for the Advancement of Science en 1967. También apuntan que con las nuevas tecnologías disponibles fue posible minimizar la posibilidad de errores humanos en la interacción de los sujetos y los experimentadores o en los análisis estadísticos. ¿Qué más se puede pedir?

En sus Notes for Investigators la SPR describe distintos tipos de fenómenos espontáneos. Inicialmente, de partida, asumen que muchos de los fenómenos espontáneos sujetos a investigación, “tienen habitualmente una explicación en términos de causas físicas o del estado mental (??) de los testigos” y que “algunos que podrían no tener una explicación tan fácil serían: precognición, percepción extrasensorial, experiencias fuera del cuerpo, apariciones y poltergeist”. De cada uno de ellos la SPR aporta una breve definición explicativa y en algunos casos llamadas de precaución a la hora de interpretar estos fenómenos. Así por ejemplo, en Apparition Sightings, dice más o menos lo siguiente: “son casos en los que una persona, no soñando, enferma o bajo la influencia de drogas, ve una figura que podría no corresponderse con una persona real, u oye voces cuando nadie ha hablado. Es altamente probable que la mayoría de estas experiencias sean alucinaciones. Sin embargo, algunas de estas alucinaciones podrían ser consideradas verídicas ya que exhiben correspondencia, no fácil de explicar, con eventos externos”.

Así que los investigadores de la SPR siguen un método científico estricto y son conscientes de posibles artefactos en los fenómenos que investigan…., ¡pero la revolución científica no llega! ¿Por qué? Asumiendo que todos nos referimos al mismo método científico, se me ocurren algunas posibles razones (seguro que hay muchas más):

1- Los investigadores escépticos son unos estafadores
2- Los investigadores de la SPR son unos estafadores
3- La calidad de los datos experimentales obtenidos por la SPR es cuestionable
4- La interpretación de los datos experimentales obtenidos por la SPR es cuestionable

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